Población y municipios

Menorca tiene una población de 67.000 habitantes, concentrados en los ocho municipios en que se divide: Maó, capital administrativa de la isla, Ciutadella, la antigua capital, Alaior, Ferreries, Es Mercadal, Es Castell, Sant Lluís y Es Migjorn Gran.

Existen otros tres núcleos urbanos, Sant Climent, Llucmaçanes y Fornells, los dos primeros en el término municipal de Maó y el último en Es Mercadal. Maó al este y Ciutadella al oeste, son los dos pueblos más habitados de la isla.

Acerca de Menorca

Quienes conocen las cuatro islas mayores de la Comunidad Autónoma de las Islas Baleares suelen coincidir en la opinión de que son muy distintas entre sí. Después, si las conocen desde hace tiempo, también es normal que añadan algún comentario a los cambios que ha provocado en ellas el gran desarrollo de la industria turística... Todo cambia, pero la «mundialización» a que se ven sometidas no impide que en Mallorca puedan respirarse aún esencias ancestrales, que Eivissa conserve su calidez africana, que Formentera desprenda el encanto edénico de los lugares pequeños y alejados... y que Menorca nos ofrezca un poco de todo lo anterior y un mucho de otras particularidades que la hacen aún más distinta, si cabe.

Hoy podría verse como un recorte desgajado del continente europeo, anclado, con muy buen tino, en el centro del Mediterráneo más occidental. Sus 700 km2, repartidos en ocho municipios, dan para mucho. Es algo que inevitablemente se descubre con sólo abandonar la automatizada pleitesía a los baños de sol, que es común, una obligación, casi, en los meses estivales. Este uso del tiempo de vacaciones se justifica plenamente en la calidad de las playas y calas que nos brinda Menorca, pero más aún que en otros destinos, aquí es interesante, gratificante, ese «todo lo demás» que suele complementar la oferta turística tradicional. Los mercados artesanos, las fiestas, los monumentos prehistóricos, los productos de la gastronomía local, las huellas de la historia en cada esquina de las geografías urbanas... nos invitan a disfrutar con calma –ésta es una de las habilidades que se suele atribuir a los menorquines– de un lugar que podría convertirse en modelo a seguir si se consiguen los objetivos de crecimiento sostenible que hoy se propugnan.

La isla ha traspasado ya la barrera de los setenta mil habitantes, algo que podía parecer imposible medio siglo atrás... pero se está claramente lejos de sufrir agobios por el crecimiento demográfico. Aunque los visitantes aumenten hasta el doble esta cifra en el punto álgido de la temporada, la cuota de paisaje sigue siendo alta. Y el disfrute de la naturaleza se prolonga en los dominios del mar. Resulta difícil abarcar todo el litoral por tierra, por la configuración de la red viaria, pero la navegación de recreo es entonces la alternativa. Por ello se imita, cada vez más, la afición local a dar la vuelta a la isla, por etapas, en embarcaciones de tipo familiar, y también son numerosos los practicantes del submarinismo, pues la belleza de los fondos marinos va pareja con la del perfil costero.

Aumenta igualmente el número de los que se interesan por la recién estrenada hostelería rural, para gozar directamente de una naturaleza prácticamente incólume (la actividad agraria ha sido hasta ahora la clave de su mantenimiento). Y la curiosidad por aspectos de la vida isleña que antes se soslayaba mostrar, aduciendo que no interesaban a nadie... Así que todo va cambiando, como indicábamos al principio. Por suerte, al parecer, con una visión muy clara de los riesgos que comporta abusar del medio. Y no es extraño, en consecuencia, que la amable acogida que se brinda al forastero sólo conlleve, en contrapartida, una petición: la de respetar este medio como lo ha venido haciendo hasta ahora la población local.